Jaron y el Viento Risueño
Quien quiere ir a Alegría, necesita Alegría.
En el puesto fronterizo, un inspector examina con lupa tu cinta de muestra. Si coincide con tu rostro, levanta la barrera; si no, te quedas fuera o te obligan a retroceder dos jornadas.
Jaron, de quince años, puede fingir cualquier emoción que le pidan. Nuria, en cambio, no puede hacerlo… al menos, no cuando alguien la mira. Cuando su cinta es declarada definitivamente ilegible, le quedan once días antes de que las autoridades decidan si existe o no.
Deciden huir. En un carro prestado, cruzan la tierra que hay entre los reinos, arrastrando a un viejo Sastre de la Luz que dice querer comprobar algo antes de morir… pero no revela qué. En el camino, se les une un guardia de un punto de salida donde, en nueve años, nadie ha pasado.
Lo que encuentran al final del camino no está previsto en ningún reglamento. Y ya no queda nadie a quien preguntar.

